Los ex novios
En el lago lo veo a lo lejos, sentado a los pies de los molinos de viento, con la que fue nuestra perra, la hija que abandoné llena de culpa cuando nos separamos. Mis perras lo ven también y corren a su encuentro. Extiende su mano y las acaricia. Hay algo poético en que siempre me espere en los molinos de viento. Él se vuelve, a veces, un Quijote, y se pelea con cosas que no están ahí. Simplemente no están ahí. Y yo me lleno de miedo y trato de desenredarle las pesadillas de los ojos. Y sufro, sufro muchísimo por él. Sufro cada cosa que él sufre, y nunca va a saberlo. Pero, últimamente, tiene buenos días. Como este. El sol brilla, el invierno se retrae: es casi primavera. Mi hija abandonada no entiende de abandono. Corre hacia mí y me embiste con afecto. Debo dejar de sentir culpa. Es un buen día para ella también. Esa es la cosa con los días, se suceden y eventualmente, llegan los buenos. Solo hay que dejarlos correr. Hace unas cuantas semanas yo estaba en el baño de un bar, com...