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Los ex novios

  En el lago lo veo a lo lejos, sentado a los pies de los molinos de viento, con la que fue nuestra perra, la hija que abandoné llena de culpa cuando nos separamos. Mis perras lo ven también y corren a su encuentro. Extiende su mano y las acaricia. Hay algo poético en que siempre me espere en los molinos de viento. Él se vuelve, a veces, un Quijote, y se pelea con cosas que no están ahí. Simplemente no están ahí. Y yo me lleno de miedo y trato de desenredarle las pesadillas de los ojos. Y sufro, sufro muchísimo por él. Sufro cada cosa que él sufre, y nunca va a saberlo. Pero, últimamente, tiene buenos días. Como este. El sol brilla, el invierno se retrae: es casi primavera. Mi hija abandonada no entiende de abandono. Corre hacia mí y me embiste con afecto. Debo dejar de sentir culpa. Es un buen día para ella también. Esa es la cosa con los días, se suceden y eventualmente, llegan los buenos. Solo hay que dejarlos correr. Hace unas cuantas semanas yo estaba en el baño de un bar, com...

El hombre de barro

En la ventana, lo veo venir con mi ojo. Toca a mi puerta.  Podría decirse: “Este nuevo hombre que toca a mi puerta”. Ya no estamos en la habitación 208, pero estamos en la habitación 208. Solo que ahora le decimos “Los domingos”. Todos los domingos, un hombre. Este domingo, un hombre caminó kilómetros en la noche gélida de la montaña para conseguirme cigarrillos y vino. Los que me conocen, conocen mis ofrendas. Siempre son los extraños los que mejor me conocen. Las procesiones y lo ofrendado no son más que la materialización de su determinación. Necesito saber que ese hombre realmente lo quiere, que realmente lo elige. Son los protocolos de la brujería y rigen todos los órdenes de la vida. Las personas pueden decir muchas cosas, pero nada tan verdadero como los dedos de este hombre, rojos de frío, ofreciendo un atado de cigarrillos para que yo sepa que esto que va a suceder es una decisión intencionada, gestada en su libre albedrío y nacida de su conciencia, la que sea que tenga, n...

El malmorir

Dicen que las desgracias vienen de a tres y es verdad. Pero las pesadillas, las pesadillas son diferentes, las pesadillas son desgracias sostenidas en el tiempo que crecen una dentro de la otra y pueden multiplicarse hasta el infinito.  Mi pesadilla más evidente es el gesto fútil encarnado en hombre que maneja el auto con aire de fastidio mientras me lleva al hospital. Sostengo un silencio duro, apretado. Sostengo en mi mano, también, una botella de esas que los runners llenan de agua pero que yo lleno de jugo y campari y es mi beso de los buenos días y también el de las buenas noches y todos los de mientras tanto. Me dice que debería estar estudiando para un parcial, que si no lo aprueba su carrera se retrasa un año y pinta un escenario catastrófico donde un efecto dominó iniciado por estar en este auto yendo al hospital conmigo destruye toda su vida. Con la locura no se discute. Doy un trago a la botella. Aprieto mi silencio todavía más. Aprieto mi silencio al entrar al hospital ...

La saga del hotel: Para crecer una perla hay que dejar entrar un grano de arena

Dame el encuentro más efímero. Qué tanto, qué tanto puede ver mi ojo de bruja en un cuerpo en una noche? El juego es: ajedrez por tiempo.  Tiro las cartas antes de que este nuevo hombre llegue. Las piezas en el tablero son Le Mat, La Torre y El Juicio. Siempre sale Le Mat en el lugar del viajero que toca a mi puerta. Es así como sé que están de paso, no vinieron a quedarse. Cuando los hombres llegan al hotel los hago subir directamente a la habitación. Pero éste, éste hombre no se detiene en la recepción para anunciarse, sino que sube directo y toca a la puerta 208.  Le gusta cruzar las líneas todas.  Veo su cara por primera vez y sonrío porque es exacto como lo presentí: bello, astuto y demasiado arrogante. Casi que tiene tatuado "problemas" en la frente. Si le gusta cruzar líneas a mi me gusta ubicarlas, corro el limite más atrás y que lo cruce todo lo que quiera. En lugar de hacerlo pasar como a los otros, le digo que vayamos al bar del hotel. - Pequeño niño malamado- ...

La saga del Hotel: Pola Dientes de Perro, negronis y matar mil cuerpos a la que ama

En el hotel, el aislamiento es opresivo. Un monasterio, dos monasterios, es la segunda vez este año que me impongo un claustro. De cada claustro emerjo como una criatura completamente nueva. Pola y yo habitamos el mismo cuerpo, pero la distancia psíquica entre nosotras nos permite ser absolutas shapeshifsters. Mientras una muere una piel, la otra crece una nueva y, así, como una serpiente de dos cabezas, nuestra mente se reestructura a niveles tan profundos que la identidad nos resulta relativa.  Bestiales procesos a bestiales precios. Pago por ver, siempre, pago por ver. Y este claustro es: la jaula de oro. Terminé en este hotel porque M. me quiso acá. El trabajo de M. es protegerme de mi misma en las fiestas y este año, su solución fue encerrarme sola en este hotel de lujo con vista al lago y a las montañas. Los días se suceden y todo es exactamente igual. Despierto en la misma habitación impersonal, bajo a desayunar sola el mismo desayuno, subo para encontrar que cada objeto de ...

La pierna izquierda del As de Guía: masticar carne dulce con los dedos y encontrar el nudo primigenio

Del cuerpo de mi muy amado, la pierna izquierda.  Todas las semanas, como un ritual, veo su rostro y escucho su voz. Este es el único modo que encontramos de permanecer. Nunca recuerdo su cara, ni sus gestos, pero cuando lo vuelvo a ver se siente cálido y conocido. Lo que sucede entre nosotros cuando nos vemos se vuelve borroso con el pasar de los días a medida que habito otras escenas, pasadas, presentes y futuras.  La escritura y la brujería.  Nunca me permiten la permanencia. Pero su pierna, su pierna izquierda, puedo sentirla desde antes de haberla tocado por primera vez. Después del orgasmo, desnudos en la cama, le pido que me deje leerla. Se recuesta sobre su costado para que pueda palpar los fierros en su cadera. Él conoce mis modos extraños, la forma poética e intuitiva en la que experimento el mundo. Con él, nunca tengo que contenerme ni disculparme, puedo existir plenamente desnuda como la criatura que en realidad soy. Me hace sentir adecuada.  Me inclino s...